domingo, 22 de noviembre de 2015

UNA MIRADA

"...Andaba él entre los presos con traje gris y con gorrilla: Parecía feliz su paso. Mas nunca antes ví en la vida un hombre tal que, intensamente, mirara así la luz del día... Jamás he visto ningún hombre mirar así, con tal mirada, ese toldillo de turquíes que los reclusos cielo llaman, y cada nube que navega igual que un velero de plata..."

... Comprendí, entonces, qué congoja apresuraba su misterio; supe por qué miraba el día con aquel mirar tan intenso: Mató aquel hombre lo que amaba, y debía morir por ello!

...Nunca yo ví a ningún hombre ver con mirada tan intensa el toldo azul al que los presos le dicen cielo, con tristeza, y cada nube que arrastraba su vagabunda cabellera..."

Son estos algunos de los versos de la "Cárcel de Reading", del poeta Oscar Wilde. Es la mirada de aquel hombre descrito que causa tan infinita conmoción en todos los reos. Mirada profunda e intensa que parecía dibujar un misterio insondable en los abismos del alma de aquel hombre de cautivador y recóndito mirar. 

¿Cuánt@s de nosotr@s, queridos lectores y queridas lectoras, habremos mirado nuestro alrededor con la intensidad del preso de la cárcel de Reading? En estos días en que las pantallas reproducen las imágenes de la realidad  y en que la cámara captura los momentos... ¿qué tanto hemos perdido el don de mirar? Ya sea con los ojos puestos sobre la pantallas, o con los pensamientos perdidos en las divagaciones que el mundo nos plantea, hemos olvidado la maravilla de la imagen. Más allá de la captura digital o del retrato del momento o de la persona, el ojos humano parece haber perdido una cierta sensibilidad.

¡Que todos nos convirtamos en el preso de la cárcel de Reading! Que nuestro mirar sea profundo; que la cámara no reemplace nunca al ojo humano; que la luz se convierta en un suave recuerdo y la oscuridad en un dulce y eterno sueño.

Como son estos mis deseos, queridos y queridas cibernautas, me gustaría que todos y todas pudiéramos realizar el ejercicio de salir a las afueras de nuestra casa o simplemente levantarnos un día con nuevos ojos, sin pensar en planes e independientemente del lugar que habites, ya sea una ciudad o un campo, y salgas y te fijes en cada uno de los detalles que rodean tu caminar. Te fijes en ellos y que al final del día puedas darte cuenta de todo lo bello que la vista te había ofrecido y de lo cual no te había percatado. ¿Podremos hacerlo? Estoy segura de que sí, y espero me compartan la maravillosa experiencia en los comentarios. A continuación les comparto el link del hermoso poema de Oscar Wilde.

http://biblio3.url.edu.gt/Libros/wilde/balada.pdf




  

No hay comentarios:

Publicar un comentario