domingo, 29 de noviembre de 2015

¿QUÉ NOS QUEDA A LOS JÓVENES?

"¿Qué les queda por probar a los jóvenes
 en este mundo de paciencia y asco?
 ¿Sólo grafitti? ¿Rock? ¿Escepticismo?
 también les queda no decir amén
 no dejar que les maten el amor
 recuperar el habla y la utopía
 ser jóvenes sin prisa y con memoria
 situarse en una historia que es la suya
 no convertirse en viejos prematuros

 ¿qué les queda por probar a los jóvenes
 en este mundo de rutina y ruina?
 ¿Cocaína? ¿Cerveza? ¿Barras bravas?
 les queda respirar / abrir los ojos
 descubrir las raíces del horror
 inventar paz así sea a ponchazos 
entenderse con la naturaleza
 y con la lluvia y los relámpagos
 y con el sentimiento y con la muerte
 esa loca de atar y desatar

 ¿qué les queda por probar a los jóvenes
 en este mundo de consumo y humo?
 ¿Vértigo? ¿Asaltos? ¿Discotecas?
 también les queda discutir con dios
 tanto si existe como si no existe
 tender manos que ayudan / abrir puertas
 entre el corazón propio y el ajeno /
 sobre todo les queda hacer futuro
 a pesar de los ruines de pasado
 y los sabios granujas del presente."
 -Mario Benedetti-

Queridos lectores y queridas lectoras, en el día de hoy he querido iniciar la entrada con uno de los más bellos poemas de Mario Bendetti: Qué les queda a los jóvenes que he apropiado a la pregunta qué NOS queda a los jóvenes. Como algunos y algunas saben, tengo 16 años, y soy parte de esta juventud controvertida y enigmática del siglo XXI, que ya ni se sabe muy bien qué es lo que es o representa.

Quiero hacer una confesión a ustedes, queridos lectores y queridas lectoras, y es que todos los espacios que hemos explorado hasta ahora han sido propiciados por un espacio académico de mi carrera universitaria, que lleva como nombre Mediaciones Comunicativas. Allí, en un principio yo había creído que me enseñarían a crear videos o audios, o a utilizar, principalmente, herramientas tecnológicas al servicio de la educación, el ámbito al que me dedico y del cual me he enamorado. Sin embargo, durante todo el espacio he descubierto un sinfín de cosas que con todo incluso lo que he plasmado en el blog no alcanzo a describir. Ha dio una exploración maravillosa, y he descubierto, ciertamente, más allá de cómo crear una historia auditiva, o cómo utilizar un medio tecnológico para un fin educativo, que el espíritu creativo que todos y todas llevamos dentro es un tesoro incalculables, y ese tesoro es precisamente lo que nos constituye como seres que piensan, sienten, reflexionan y critican en un proceso de constante construcción humana.

¿Ha de reemplazar la máquina al ser humano? No, y lo digo rotundamente. No somos seres que almacenan información ni que están al servicio de un servidor: somos seres que CONSTRUYEN lo que son, porque somos proyecto en devenires de todo tipo. Y ahora, se preguntarán, ¿a qué viene el título de este espacio con la reflexión que estoy planteando? Pues bien, a lo largo de un primer semestre de vida académica, he descubierto cosas invaluables y una de esas y quizá la más importante, es el poder que tiene la juventud que, aunque como lo dije, muchas veces no sabemos ni lo que somos ni hacia dónde vamos, es una nueva generación que aunque criticada muchas veces se está rebelando en contra de un sistema que nos oprime desde todos los ángulos y la lucha, la lucha que cada joven deben sostener en este pútrido mundo es una lucha por la vida, por la felicidad, por al alegría, una alegría y una vida que impliquen el despertar de esta sociedad que nos ata como robots a un sistema que va en contra de la vida; despertar que en el espacio académico que les he mencionado he podido vivenciar: una imagen, un sonido, todo ha dado pie para una reflexión profundo alrededor del sentido de la existencia, el sentido humano de crear que está oculto en cada uno de nosotros y nosotras.


¿Qué nos queda a los jóvenes? ¿Nos queda el iphone que planea nuestro día? ¿Nos queda el facebook que nos crea "relaciones sociales"? ¿Nos queda el photoshop que pule nuestras fotos? No. A los jóvenes nos queda la irreverencia de creer en la utopía de una sociedad nueva; a los jóvenes nos queda la sonrisa en medio del hastío; a los jóvenes nos queda la belleza de una imagen; a los jóvenes nos quedan los amores imposibles y el recuerdo de sonrisas verdaderas; a los jóvenes nos queda la alegría y al esperanza de creer en imposibles.


Eso es lo que debemos ser, jóvenes, locos soñadores de un mañana diferente. Estudio Educación Infantil, y lo hago porque estoy enamorada de la vida y del conocimiento, aunque la desesperanza y el horro que invaden las calles de este mundo a veces me paralice, me deprima, me haga mandar todo a la mierda, yo sigo creyendo y en este maravilloso espacio académico, aprendí a amar la vida en todas sus formas, a crear por el simple hecho de maravillarme. No les hemos de dejar a nuestros niños ya nuestras niñas un computador de última tecnología, una tablet espléndidamente construida, un iphone intergaláctico, un televisor que se encienda y funcione con la voz humana, un robot que sirva de sirviente. No, esta juventud loca y soñadora, que es tan solo una parte de la juventud, ciertamente, y de quien yo me considero parte y muchas de mis compañeras futuras educadoras infantiles también, les hemos de dejar nuestros niños y a nuestras niñas el gusto por la vida, la pasión de sentirla, de vivirla y de vibrarla a través de un sonido, de una palabra, de un cuento que hable de mundos posibles, el roce con una flor, la belleza de un perfume, del aroma de una montaña, porque sólo así, amando es como seres humanos felices y no deprimidos, críticos y no autómatas, pensante y no borregos, podrán surgir en medio de gritos de amor y de esperanza eternos.


Y aquí, amigos lectores y amigas lectores, les doy un último consejo de palabras del gran Charles Baudelaire:




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