LAS PALABRAS: MI PRIMER AMOR
Tercera Parte
EL BINOMIO FANTÁSTICO
"Singulares seres. Inimaginables
para quienes hoy habitamos esta parapléjica Tierra. ¿Cómo empezó todo? ¿Cómo
llegamos a ser lo que somos y a transformarnos en lo que desde siempre
elegimos?
Una Tierra sin nombre ni dueño y
unos seres sin rostro ni adjetivo serían recibidos por un mundo dispuesto a ser
construido. Todo carecía de nombre, de ensueño. El mar, un agua espesa e
inacabada. La flor, un feo adefesio. El cielo, una nebulosa de opacos colores.
La montaña, un sinfín de sin nombres. El silencio, un eco devorador de
recuerdos aún inexistentes. La vida, un vacío agujero; sin forma ni retorno. La
muerte, la eternidad de la ausencia.
Llegaron allí sin un propósito.
Depositados por el azar de un universo cargado de estrellas de melancolía y
desespero. De polvo de estrellas habían sido hechos. Una llamarada de fuego
cósmico los depositaba allí: sin olor, sin vista, sin tacto, sin gusto por la
vida que aún no conocían. Sin voz para expresar lo que no sentían.
De repente, un suave viento no
percatado por ellos les prestó el aliento de la vida otorgándole a su deforme
cuerpo forma definida y permitiendo a sus ojos, narices, manos y orejas,
abrirse al soplo de lo que parecía ser la existencia. Encontráronse perdidos en
el abismo del vacío al percatarse de que aunque todo estaba abierto al mundo
que desdichado los recibía, con ojos, nariz, manos y oídos abiertos, no podían
ver, ni oler, ni sentir ni escuchar. Un silencio perturbador se apoderaba de su
recién adquirida existencia. Y eran conscientes de ello, lo sabían con certeza.
Eso sí, aquellos aparentemente inánimes seres parecían poseer un instinto
devorador de vida, y la desgracia que recién comenzaba a acompañarlos, los
retaba constantemente y les hacía creer que debía haber algo: debía haber vida.
Aquel mágico polvo de estrellas que los había dotado de existencia más no de
vida, si les había otorgado un raro instinto, los había dotado de una inusitada
fuerza interior. Destellos de imágenes recorrían sus pequeños cerebros. Imágenes
que se encontraban y desencontraban en un desenfreno constante de ideas no
vocalizadas, no reconocidas; no estrenadas por la fuerza de la vida.
No se sentían ni se veían entre
sí, pero aquella fuerza les comunicaba la presencia de otros seres, tan iguales
como perdidos en los abismos de la incertidumbre. Llegaría la noche, y con ella
un sueño que se apoderó de todos aquellos extraños seres. Curioso. Era la
pequeña muerte la que les otorgaba una primera sensación de vida. Una suave y
tierna muerte, que durante milenios, hasta el día de hoy, los recibiría todas
las noches, danzante y graciosa ella como siempre.
El alba también haría su triunfal
entrada en el inhóspito mundo. Llegaría ella lenta, pausada, tranquila y
sosegada como se acostumbró desde siempre. Se levantaron los particulares
seres. Ahí estaban. Los recibiría un suave roce, un inesperado contacto.
Pequeñas formas se dibujaban en el otro. Se recorrieron mutuamente, sintiendo
por vez primera la alegría de explorar la belleza de lo que eran. Líneas.
Formas, suavidad y rudeza. Se encontraron fundidos en una misma sensación.
Sintiéndose y reconociéndose supieron que el tacto había llegado a sus vidas.
Una sonrisa se dibujó en todos los rostros. Algunos de una suavidad
indescriptible, otros de unas formas danzantes; pequeñas montañas hacían parte
de todos ellos. Aquel día fue maravilloso. Pero llegaría entonces la suave
noche. Trataron de tocarla, de sentirla.
Pero entonces se dieron cuenta de que algunas cosas no se podían tocar, y se
sintieron tristes por ello. El tierno sueño desplazó sus frustraciones.
Un día soleado los recibiría, y
una sorpresa haría a sus corazones estallar de alegría. Podían oler. Y además
de ello, escuchar. No era posible. Pero sí. Ahí estaban. Fundiéndose en un
encuentro de eternidad inesperada. Se acercaron al pecho del otro, y sin
saberlo, encontraron la semilla de la vida. Un tic tac constante estallaba en
un sinfín de hermosas palpitaciones. Un reloj que marcaba los efímeros respiros.
Se percataron de ello. Descubrieron la existencia del Tiempo. Y supieron que
era un dictador irremediable. El corazón, con aquel inofensivo ruido, algún día
detendría su sonar melodioso y constante. Entendieron entonces la trampa del
sueño. Entendieron la existencia de la
muerte, y se sintieron tristes por ello.
La pequeña muerte les tendía la
trampa de nuevo, y su red, imposible de capturar, los acogió sin tregua. Poco a
poco irían entendiendo la rutina del tiempo: el día y la noche. Así que la luz
los acogió en un principio sin sorpresa. Pero el día que llegaría habría de ser
uno de los más memorables de todos los tiempos, aunque no el más memorable,
ciertamente. Inmediatamente abrieron los ojos, ya adormecidos por la oscuridad
desde hace tantos días impuesta, se hallaron fuera de su órbita al encontrarse
con la luz de la existencia. Podían ver. Decenas de ojos se cruzaron. La
maravilla los sobrecogió al desvelar el alma del otro a través del color de su
mirada. Sintieron un deseo irremediable de capturar aquel momento, de hacerlo
sublime y eterno. Esa sensación era más fuerte que cualquier poder. Era la
sensación de ver dentro del otro. De sentirlo casi dentro tuyo al mismo tiempo.
Era el alma palpitando por la alegría de saberse igual pero a la vez tan
diferente. Inexplicable. Inentendible. Aquel día, en su afán de congelar el
momento, trataron de capturar hasta las entrañas de sus cuerpos aquellos bellos
reflejos.
Sin embargo, al pasar los días,
se dieron cuenta de que el resto de cosas que poblaban al mundo eran
tremendamente horribles, y el miedo y el fastidio los encontraba perdidos en
medio de tanta fealdad. El mundo era un sinnúmero de oscuridades palpitantes. Y
no se explicaban cómo era que nada tenía la belleza de la mirada que los había
ensimismado el primer día. Se dieron
cuenta de que no podían capturar los sublimes momentos y tampoco transformar
las cientos de cosas que los rodeaban. Entonces se pusieron tristes por ello.
Podían tocar, oler, escuchar,
sentir. ¿De qué les servía todo esto si la tristeza se había apoderado de
ellos? Pero ahí estaba de nuevo esa fuerza interior que a algo les impulsaba.
Era quizá instinto natural a no resignarse. A no dejar de buscar. A encontrar
como fuera la posibilidad inquietante de la vida.
Un día de tristeza como todos los
que los acompañaba, por vez primera sintieron el agua. Caía sobre ellos. Un
cielo gris y tremendamente tétrico en un principio les produjo un pánico
inquietante. Pero la lluvia parecía lavar algo que no estaba fuera de ellos,
sino dentro. Era un suavizante a sus días de penurias eternas. Se recostaron
sobre la fría y fea yerba, y sus corazones se perdieron en la belleza
cristalina de aquel líquido mágico que caía de los cielos. No entendían cómo de
tanta oscuridad podía surgir tanto sosiego. La lluvia se detuvo, y el primer
rastro de belleza habría de inundar al mundo: el arcoíris. Se sintieron
sobrecogidos por un extraño sentimiento. Un desconcierto indescifrable les
anunciaba la llegada de algo que no esperaban ni imaginaban. Todas sus
esperanzas habían sido gastadas. Si ya tenían todo lo que podían para poder
sentir, ¿qué podría faltar? Algo debía surgir de su interior. Había una fuerza,
esa fuerza que quizá había dirigido sus vidas, algo pugnaba por salir, por
emerger. Se sintieron extraños como nunca antes. ¡Pum! ¿Qué era esta cosa que
surgía de sus bocas? Tan inútiles hasta ahora. Ahí estaban ya flotando por los
aires. ¿Qué era eso? Ahí estaban danzando de una manera disparatada. Eran las
palabras. Las empezaron a pronunciar una a una, y entonces sintieron que todo
tenía sentido de nuevo. Las palabras, que apenas eran pronunciadas iban a
danzar al mundo, inquietas, locas y danzarinas desde el primer momento en que
las parimos.
Pero algo hacía falta. Todo eran
palabras, bellas sí, pero parecían inconclusas. ¿De qué les servirían? Esas
cosas raras parecían ser un nuevo sinsentido. Pero no. No podían resignarse.
Algo debía pasar. Un impulso devorador hizo que de repente se apretujaran por
parejas, y entonces, ahora ya no valía parir tan solo una para que surgieran.
Ya no estaban dispersas, parecía que estos bichos raros ahora eran naturalmente
ordenados, y exigentes, además.
Como un par de locas, de la boca
de uno de ellos surgieron colores y bellos. Aquellas dos palabras, un tanto
extrañas y de formas singulares, surgieron disparatadas por el mundo. Cogidas
de las manos, salieron a tocar todo lo que se les venía en gana. Inmediatamente
lo tocaban, curiosamente todo lo que al mundo poblaba se transformaba en algo
tan agradable y hermoso a la vista, que los seres no pudieron más que explotar
en llanto. Entendiendo esto, prosiguieron a devanarse los sesos para parir
binomios de palabras para hacer del mundo un lugar diferente al que los había
recibido. Es así como surgieron particulares binomios como cielo y azul,
montaña y grande, mar e inmenso, flor y bella, comida y sabrosa, animal y
compañero, amor y mujer, amor y hombre, ojos y verdes.
Y así infinitamente, hasta que el
mundo se convirtió en el lugar que querían construir. Pero además, la vida ya
no fue triste, porque descubrieron que las palabras no eran tan sólo capaces de
embellecer el mundo, sino la existencia misma, encontrando en estas el bálsamo
a todo aquello que en los primeros días los hizo infelices.
Se dieron cuenta de que con las
palabras eran capaces de tocar lo que sus manos eran incapaces de tocar:
pudieron sentir el cielo, el aire, la oscuridad, las estrellas de donde
provenían. Descubrieron que a través de las palabras la muerte perdía todo
sentido porque todos los momentos se volvían eternos. Todo lo que sintieron a
partir de entonces, lo que querían transformar, lo que querían congelar en la
eternidad, lo pudieron inmortalizar a través de las palabras. Y el tiempo no
fue más que un dictador olvidado y viejo, pues la palabra lo congeló a través
de un suspiro eterno."
Estimados lectores y estimadas lectoras, siento mucho que quizá perciban que soy una desquiciada con este tema de las palabras, sin embargo debo decirles que después de cada entrada hallo una nueva razón para compartir con ustedes la maravilla que es crear a partir de las mismas. Lo que acabaron de leer es el cuento de mi autoría que realicé después de leer el ya mencionado capítulo del Binomio Fantástico de La Gramática de la fantasía, de Gianni Rodari.
Para quienes ya lo hayan leído, ¿alguna vez imaginaron lo maravilloso que resulta de la combinación de so palabras muchas veces diferentes en sí mismas? Es una maravilla, queridos amigos y queridas amigas. El Binomio Fantástico consiste en esto: la unión de dos palabras para la creación de hechos a partir de las mismas. Esto es precisamente lo que sucede en mi cuento.
Ya que yo les compartí mi creación literaria y retomando la invitación que les hice a crear, me encantaría que ustedes se atrevieran a crear la realidad que se les antoje a partir de la formación de dos palabras, por el simple placer de divertirse y jugar con las bellas posibilidades que nos ofrece el soñar y el imaginar. ¡Compartan el cuento o el pequeño relato en los comentarios!
Sin embargo, quiero que variemos un poco de la letra escrita y veamos este video de tan sólo cinco minutos, queridos lectores y queridas lectoras:
¿Si vieron lo maravilloso de este hombre? ¡Por Dios! Cuando lo descubrí, quedé fascinada con su música y su vida. Honestamente, es uno de los pocos cantantes de Rap que me llegan al alma. Nunca imaginé que esta entrevista y su proceso creativo me sirviera para ilustrar el tema abordado de las palabras como objeto de creación. ¿Si vieron lo que hace este hombre con las palabras? Es simplemente estremecedor. Sin embargo, ¿saben qué es lo más curioso de todo eso? Eminem era "pésimo" en Inglés, es decir en la materia que equivaldría en nuestro contexto al Español o Castellano. ¿Qué paradójico, no? Muchas veces lo que creemos formal o el conocimiento técnico o lo que te dicen en la escuela no es lo que realmente frita tu interior. ¿Se imaginan donde Eminem se hubiera creído incapaz de crear literariamente (que es lo que hace con las rimas) por reprobar la materia que evaluaba esto? Probablemente no tendríamos el deleite de su música.
Querid@s cibernautas, olvidemos todo lo aprendido, lo que nos dijeron que no podíamos hacer, en lo que nos coartaron, en lo que nos cohibieron, en todo aquello que nos impidió creer en nosotros mismos y nosotras mismas como seres infinitamente creativos. Los dejo con una frase de una gran escritor que me encanta:

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