domingo, 22 de noviembre de 2015

EL CORAZÓN DELATOR

"...Los oficiales se mostraron satisfechos. Mi forma de proceder los había convencido. Yo me sentía especialmente cómodo. Se sentaron y hablaron de cosas comunes mientras yo les contestaba muy animado. Pero, de repente, empecé a sentir que me ponía pálido y deseé que se fueran. Me dolía la cabeza y me pareció oír un sonido; pero se quedaron sentados y siguieron conversando. El ruido se hizo más claro, cada vez más claro. Hablé más como para olvidarme de esa sensación; pero cada vez se hacía más claro... hasta que por fin me di cuenta de que el ruido no estaba en mis oídos.
Sin duda, me había puesto muy pálido, pero hablé con más fluidez y en voz más alta. Sin embargo, el ruido aumentaba. ¿Qué hacer? Era un sonido bajo, sordo, rápido... como el sonido de un reloj de pulsera envuelto en algodón. traté de recuperar el aliento... pero los oficiales no lo oyeron. Hablé más rápido, con más vehemencia, pero el ruido seguía aumentando. Me puse de pie y empecé a discutir sobre cosas insignificantes en voz muy alta y con violentos gestos; pero el sonido crecía continuamente. ¿Por qué no se iban? Caminé de un lado a otro con pasos fuerte, como furioso por las observaciones de aquellos hombres; pero el sonido seguía creciendo. ¡Oh, Dios! ¿Qué podía hacer yo? Me salía espuma de la rabia... maldije... juré balanceando la silla sobre la cual me había sentado, raspé con ella las tablas del suelo, pero el ruido aumentaba su tono cada vez más. Crecía y crecía y era cada vez más fuerte. Y sin embargo los hombres seguían conversando tranquilamente y sonreían. ¿Era posible que no oyeran? ¡Dios Todopoderoso! ¡No, no! ¡Claro que oían! ¡Y sospechaban! ¡Lo sabían! ¡Se estaban burlando de mi horror! Esto es lo que pasaba y así lo pienso ahora. Todo era preferible a esta agonía. Cualquier cosa era más soportable que este espanto. ¡Ya no aguantaba más esas hipócritas sonrisas! Sentía que debía gritar o morir. Y entonces, otra vez, escuchen... ¡más fuerte..., mas fuerte..., más fuerte!
-¡No finjan más, malvados! -grité- . ¡Confieso que lo maté! ¡Levanten esas tablas!... ¡Aquí..., aquí! ¡Donde está latiendo su horrible corazón!..."

Este es el final del cuento "Corazón delator", del magnífico Edgar Allan Poe. Al pobre criminal lo delató aquel oído agudo, ese palpitar imparable y cada vez más estruendoso del corazón del viejo. Es este uno de los pocos relatos en donde uno de los más maravillosos sentidos del ser humano, el oído, es el protagonista principal.

En estos tiempos modernos, en que parecemos humanos unidimensionales, cada vez más cercanos a los robots que a nuestro ser, recuperar el sentido de cada sentido, valga la redundancia, o si se quiere llamar, de cada sensación, nos rescata un poco más del abismo insondable de la muerte en que nos sumergimos lentamente. 

En esta oportunidad hago una invitación a que nos conectemos con el sentido de la escucha. Oír, oír para no morir en el hastío del sinsabor, del sinsentido. Aparte de hacerles una invitación a leer el cuento completo, les dejo una de esas bellas casualidades de la vida que a veces se dan en la música, deleite de nuestro oído. En esta ocasión, les comparto una bella canción. Llevan el mismo nombre... ¿Está la letra de la canción basada en la letra del cuento? Ahí les dejo la duda... amigos y amigas cibernautas.

https://www.ucm.es/data/cont/docs/119-2014-02-19-Poe.ElCorazonDelator.pdf


¿Qué opinan del cuento y de la canción, queridos lectores y queridas lectoras? ¿Creen realmente que el pobre criminal del cuento en cuestión tenía un oído agudo o estaba más bien loco de remate? ¿Cuántas veces escuchamos realmente el sonido de nuestro corazón y el del otro y la otra? Y más allá del hecho de escuchar el corazón hablando desde un sentido biólogico, creo que la canción nos desvela el verdadero sentido de "escuchar el corazón", algo que, desde mi punto de vista, se refiere a saber qué es lo que el otro y la otra anhelan o lo que los constituye, verlos como seres humanos que sienten, que se hieren, que ríen y lloran. ¿Cuántas veces, queridos lectores y queridas lectoras, escuchamos el corazón del otro y de la otra?

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