sábado, 28 de noviembre de 2015

LAS PALABRAS: MI PRIMER AMOR
Segunda Parte

RELATO DE UNA EPIFANÍA

El día en que Ramón Osuna se dio cuenta que el día de su muerte había arribado sin retraso alguno, se le presentó en forma de molusco gigante la epifanía que habría de convertirse en el legado más importante de la nueva sociedad que surgiría después de su deceso. Ocurrió de esta manera: Siendo Ramón Osuna uno de los más respetados sonámbulos de la época, levantose él en medio de un profundo sueño en el cual la iridiscencia de un pequeño rincón de su casa lo llamaba a la exploración fantástica de una realidad sin pies ni cabeza. Cuando finalmente alcanzó el rincón que, en la realidad se presentaba completamente vacío de fantasía, la mencionada iridiscencia se transformó en algo tan inefable, que Ramón Osuna sólo supo que tenía entre sus manos el objeto más etéreo del que en el mundo entero se haya tenido cuenta alguna.
Levantose Ramón Osuna a la mañana siguiente teniendo la plena certeza de haber obtenido la serendipia más innombrable de la historia de todos los días de la humanidad, y, como si su sueño de sonámbulo no hubiese sido más que un episodio cotidiano de una noche insomne, hallándose en la seguridad de tener aquel preciado objeto entre su manos, como si este hubiese dormitado con él mismísimo, abrió las cortinas de sus grandes ventanas, sin dejar de sostener nunca el objeto nombrado, y no pudo ser más el asombro de Ramón Osuna que cuando se dio cuenta de que estaba presenciando la más bella aurora de toda la historia de los días de la humanidad. Aunque poco seguro de creer para quien lee este relato, es necesario decir que aquel amanecer fue el más espléndido de todos los vistos por Ramón Osuna; amanecer que albergó, para acabar de rematar la belleza impropia de aquellos días de soledad perpetua, el más hermoso arrebol de los amaneceres del mundo entero.
Al ver esto, Ramón Osuna, atolondrado por las bellezas que en forma de casualidades la vida le presentaba, decidió salir a las calles a comunicar su dicha a sus congéneres y a, según eran sus aspiraciones, comentar la belleza que él estaba seguro todos y todas habían presenciado; después de todo, pensó, todos y todas vivimos bajo el mismo cielo.  Fue después de estas cavilaciones propias de un soñador sin tiempo, que Ramón Osuna salió gritando a los cuatro vientos a través de las calles de su ciudad: “¡Miren, miren!, qué bello amanecer es éste. El más bello, el más sublime”, sin embargo, su pasmo fue indescriptible cuando Ramón Osuna se dio cuenta que ninguno o ninguna de sus congéneres era capaz de mirar al cielo y ninguno o ninguna se había percatado de la belleza que los rodeaba. Ni siquiera lo escucharon cuando comentó la maravillosa serendipia que llevaba en sus manos. Todos y todas, increíblemente, no hacían más que planear el día o pensar en la hora siguiente. No se miraban a las caras mutuamente, sino que parecían vivir allí y estar allá: no se percataban de nada ni nadie, tan sólo de su futuro ciertamente cierto.
Fue así como Ramón Osuna sintió una desesperanza terrible, pero al contemplar el bello objeto sintió unas ganas renovadas de seguir viviendo. Sucedió entonces que en el preciso instante en que pretendía mirar al cielo, cruzose su mirada con la más hermosa mujer en la historia de los días de la humanidad, que curiosamente había sido la vecina de Ramón Osuna durante más de 5 años. De repente ambos, sin percatarse de ello, cayeron en una limerencia de la cual no se salva ni el más precavido de los mortales. Sin embargo, la mujer de su vida se perdía en la bruma de la polución que producían los carros y las gentes de futuro ciertamente cierto.
Mientras caminaba en persecución de la susodicha, Ramón Osuna no podía dar crédito a lo que sus oídos advertían: era una música maravillosamente meliflua la que cobijaba el ambiente. Los sonidos que emanaban de aquel recinto le hincharon el alma a tal punto de perder la conciencia de su propio ser, perdiéndose así en los suspiros propios de la emanación de sentimientos, tan raros en aquellos días de gentes de futuro ciertamente cierto.
Ramón Osuna entró a aquel lugar bendito, cuya incandescencia lo estaba dejando sediento. Fue entonces cuando se percató de las burbujas creaban una fuerte efervescencia en el vaso de agua que se hallaba a su lado; efervescencia que le presentó como un milagro divino y danzante de la vida.  Hallándose Ramón Osuna bajo los efectos renovadores del agua que es dadora de vida, contempló a la salida del local una luminiscencia impropia de aquellos días de gentes de futuro ciertamente incierto. Y un instinto cuasi que primitivo lo motivó a alcanzar aquella luz que resultó siendo la figura de la mujer que amaba.
Ramón Osuna la tomó en sus brazos, la besó como nunca jamás había besado, y fue ahí cuando el amor se interrumpió por la más terrible y curiosa epifanía de toda la historia de los días de la humanidad. Se percató entonces que la bella mujer a la que amaba era la muerte, y no por ello dejó de amarla fielmente. Sin embargo, fue en aquel preciso instante cuando Ramón Osuna supo que el objeto al que con tanto fervor había portado durante el mejor día de su vida, no era nada más y nada menos que el presente.
Es así como, motivado por la mujer que amaba y el objeto que portaba, se encaminó a lo más alto de la ciudad y pronunciaría las palabras que se recuerdan como el discurso con mayor grado de elocuencia de la historia de los días de la humanidad: “Gentes de futuro tristemente cierto, de planes escabrosamente calculados, de corazones congelados por la bruma de los tiempos, de mentes petrificadas bajo los azarosos afanes del futuro y los feos tiestos del pasado, siento lástima por ustedes porque han caído en el olvido más imperdonable de cuantos en el mundo existen: el olvido del presente. Nuestro paso efímero por el mundo se ha convertido en un desenlace infinito de historias sin contar, de recuerdos sin retener, de acontecimientos bellos sin guardar, de afanes opresores de mente y corazón, de espíritu y celebración. Pobres humanos, que han olvidado lo inmarcesible de la belleza propia de lo cotidiano. No les he de legar ningún pútrido futuro, ni he de recordarles ningún pasado, pero les dejo el tesoro más grande que en mi vida conocí para que ustedes, contrario a mí, no gocen de él tan sólo un día, sino por el resto de los días de la historia de la humanidad. Les dejo mi serendipia: el presente.”

Buen día, queridos lectores y queridas lectoras. Hoy les he compartido un cuento que obedece al tema que planteamos en la entrada anterior: las palabras y la belleza que traen consigo las mismas. Les agradecería la amable lectura de mi cuento, y me sentiría honrada con cualquier clase de apreciaciones sobre éste en los comentarios del blog. 

Si pudieron tener acceso a la lectura de las páginas que les compartí en la última entrada del blog, estoy segura de que encontraron que construí mi cuento con las 20 palabras más hermosas del idioma español. Este ejercicio lo hice especialmente para ustedes, queridos lectores y queridas lectoras, para que nos animemos a retarnos a nosotr@s mism@s con creaciones que en un principio nos parecen un poco alocadas. Honestamente, aunque finalmente logré la creación del cuento, en un principio me sentí casi que desahuciada al no tener ni idea de cómo mezclar palabras al parecer tan disímiles en su significado. 

Hoy mi invitación es a la CREACIÓN, sin importar si en un principio nos sentimos cohibidos, o quizá sentimos que no "somos buenos" en eso. Respecto a ello, aunque pueda sonar una frase cliché o a consejo de autoayuda, desde mi propia experiencia quiero decirles de todo corazón: "Todos somos naturalmente artistas". Somos sensibles frente a algo, somos capaces de crear, porque aquella es la esencia misma del ser humano. Animémonos amigos y amigas a pintar un cuadro si te has repetido durante años a que el arte gráfico no es lo tuyo; animémonos a escribir un cuento si siempre has creído que eres pésima escribiendo, animémonos a cantar una canción aún cuando creas que tienes una voz que rompería todo un vidrial; animémonos a volver a las palabras, nuestro primer amor.  

Les comparto el link anterior, para quien no haya tenido la oportunidad de ver las 20 palabras, y les dejo la siguiente entrada en donde desarrollaremos más a fondo el tema de la creación. ¡Feliz día para todos y todas!

http://cavernasliterarias.blogspot.com.co/2015/11/las-palabras-mi-primer-amor.html

http://cavernasliterarias.blogspot.com.co/2015/11/las-palabras-mi-primer-amor-tercera.html



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